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Desde la filosofía yóguica el sufrimiento es fruto de la ignorancia. Y entendemos ésta en este contexto cómo: no distinguir la Verdad de la no verdad en nosotros.
Sobre el apego

Sobre el apego

Según la psicología, el apego es un vínculo afectivo que se establece desde los primeros momentos de vida entre la madre y el recién nacido o la persona encargada de su cuidado. Su función es asegurar el cuidado, el desarrollo psicológico y la formación de la personalidad.
Se trata de algo que crea nuestra propia biología para que podamos sobrevivir y prosperar en la Vida.
Es un vínculo o conexión realmente importante mientras somos niños o bebés. Y también como padres para asegurarnos el buen cuidado de nuestros hijos.
Sin embargo, el amor es otra cosa; y nos nace desde otro lugar. Sin duda, podemos sentir apego y amor a la vez.
Por eso en clase, siempre os explico que “querer” y “amar” son diferentes; a veces van de la mano, y a veces no.

Desde la filosofía yóguica el sufrimiento es fruto de la ignorancia. Y entendemos ésta en este contexto cómo: no distinguir la Verdad de la no verdad en nosotros. Por ello vivimos desde un lugar en el que no somos, desconectados de sí.


En términos más sencillos, los adultos que somos perdimos nuestro centro durante la infancia; nos adaptamos para sobrevivir y sobrellevar nuestro entorno tomando diferentes roles (ego), máscaras, etc… para que los demás nos quisiesen, o por lo menos no  nos rechazasen. 

Pero ahí surge un vacío: la distancia entre lo que aparento ser y lo que en realidad Soy. Cuando uno vive desde ahí, confundimos dónde hallar nuestra verdadera ALEGRIA; y comenzamos a buscar fuera  (relaciones, experiencias, drogas, parejas, etc…) lo que SOMOS dentro. Tratamos de llenar el Vacío APEGÁNDONOS más y más a lo que “parece” que nos hace sentirnos felices, y RECHAZANDO (la otra cara del apego) lo que no nos gusta (querer vs. no querer). 

Casi sin darnos cuenta nos volvemos más y más dependientes de ESO DE fuera, y más nos alegamos de nosotros mismos.

De todo esto surge la PRETENSIÓN de que las circunstancias tienen que ser cómo yo “quiero”, el otro ( mis hijos, mi pareja, mi amiga, mis padres, etc…) han de ser  como yo quiero… y de ahí surgen los conflictos en las relaciones.

Surgen los problemas de dependencia, idealización del otro, pelea, chascos, etc.
Y a ver, somos humanos; y mientras no hayamos conquistado completamente toda nuestra naturaleza sentiremos apego, está en nuestra biología.

Lo que sí podemos es seguir invirtiendo en:
*CONSCIENCIA: para darnos cuenta de nuestras dependencias, conocer nuestro Ser; amar más, pretender menos. El otro no es responsable de mi propia felicidad; yo lo soy.

*Trabajar las virtudes para desprogramar tendencias infantiles y poder ser un adulto más libre y amoroso: SERENIDAD, HUMILDAD, SINCERIDAD, ECUANIMIDAD, DESAPEGO, CORAJE, INOCENCIA Y DILIGENCIA.

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